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Nada es más urgente que el devolver las gracias.

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Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo.   William Arthur Ward Esta mañana camino de Madrid he visto a una pequeña que esperaba ansiosa de la mano de su madre a que el autobusero frenase frente a la marquesina. Después de subir las escaleras con sus diminutos pies y dos coletas altas muy características, se ha puesto de puntillas para pasar la tarjeta transporte por el lector. Tan sonriente... probablemente sintiéndose la más mayor del lugar, sin saber que muchas/os a veces daríamos lo que fuera por sentirnos un poco menos mayores, pudiendo volver atrás.    La chiquilla le dijo al conductor con una sonrisa: muchas gracias por llevarme donde yo quiera . El conductor rio, pero no más que su madre, que lo hizo sonrojándose como un tomate seguido de un: venga, hija; pasa ya y siéntate ahí .  Una señora mayor, de las típicas que en alguna ocasión te encuentras en el transporte público, de esas que van comentando todo lo qu...

El monstruo de debajo de mi cama

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Cuando tenía seis años, dormía todas las noches con una lucecilla en el lateral de la cama porque me daba pánico la oscuridad. Recuerdo como si lo estuviera viviendo ahora mismo la mañana en la que le confesé a mi padre que era porque estaba segura de que había un monstruo que me estaba esperando para llevarme con él debajo de la cama. Tras jurarlo como si me fuera la vida en ello, soltó una ruidosa carcajada, de esas que me transmitían tanta calma y que hace años que no escucho. Ante mi cara de desconcierto, me prometió que debajo de mi cama nadie me esperaba porque los monstruos no existían. Me sentó en mi cama y apoyada sobre su hombro, lo escuchaba mientras me explicaba que el monstruo que yo imaginaba estaba construido de miedo y que este miedo, igual que el espacio que había debajo de mi cama, estaba repleto de vacío. Me contó además, que para destruirlo tenía que plantarle cara porque no podía vivir con miedo toda la vida. En ese momento solo tenía seis años, pero aún tengo mu...

Sencillez

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Hoy es la primera vez que en una de mis entradas hago referencia a una película así que para los que estéis empezando a leerme, espero no decepcionaros, porque ni siquiera se me ha ocurrido un buen título.  Como para gustos siempre los colores, no quiero que esto sea una recomendación sino una referencia, así que hablaré de ello; el largometraje de Carla Simón  Estiu 1993 ha encendido la bombillita que llevaba una temporada en pausa y modo avión.  Ha sido la ganadora a Mejor Película en los Premios Goya 2018 y  también está seleccionada para representar a España en la gala de los  Óscar (y no por eso me ha marcado) No es spoiler: La directora nos adentra en la vida de Frida, una petita de seis años que tiene que vivir el primer verano de su vida en una familia de acogida tras el fallecimiento de su madre. Al principio de la película, en la nit de Sant Joan, un niño se acerca a Frida y le pregunta: ‘’ I tu, ¿com és que no plores?’’ (Y tú, ¿cómo es...

La mejor habilidad del mundo

Desde hace algunos días, pienso que existen dos maneras de malgastar la vida que tenemos: cuando algo que un día que tuvimos de pronto se larga y se ausenta o cuando nos quedamos bloqueados y parados ante aquello que queríamos y que nunca pudimos tener.  La primera de estas supongo que será cuestión de mala suerte, pero la segunda se debe a dos cosas: irresponsabilidad y cobardía, sobre todo cobardía . La vida no la desaprovechamos cada vez que algo verídico pasa por nuestros y no lo cogemos; también se echa a perder y de peor manera, cuando un sueño o una ilusión perfora nuestro corazón y se cuela bien dentro de nosotros y lo dejamos escapar.  Si a día de hoy todavía no hemos conseguido subirnos y esperanzarnos con ninguna de nuestras ilusiones, es que no pensamos en grande. Si algo he aprendido este año es que jamás hay que esperar que sea el momento perfecto para hacer o para planear algo, porque nunca va a llegar.  ''No, es que...'', ''Ya, pero......

Disfruta de tu mejor paisaje

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Hace algunos días vi cómo pasaba por mi ventana una estrella fugaz y aproveché para pedirle algunos deseos. Hace algunos años atrás siempre estaba acostumbrada hacerlo, pero lo cierto es que desde que he vuelto a la ciudad me es complicado verlas; demasiado gris por todas partes y muy poca claridad.  Pero yo siempre prefería ver tus ojos chispeantes para así después intentar adivinar lo que tenías en mente; la mentalidad de un niño que a pesar de tener el alma llena de heridas, solo pensaba en cuál sería su siguiente travesura, sin importar los años.  Como no te tenía conmigo, le pedí a esa estrella fugaz que siguieses contándome las andanzas de tu madre muchos años más. Una mujer llena de ideales y con el corazón sediento de aventuras, siempre como tú. Le pedí que a pesar de los años y los daños, nunca dejes de tener ese brillo en la mirada cuando cuentes todo lo que te apasiona porque así transmites valor y fuerza a los que te rodean. Le pedí que no te preocupes si es...

El silencio a voces

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Nos ponemos en contexto: metro de Madrid, 09:30 de la mañana de la línea 1 (una de las líneas más viejas y transitadas a estas horas de la mañana) El bebé que no puede parar de llorar montado en el carrito,  la madre que le grita que se calle y parece que es que no entiende que es un niño y que no va a callarse. El que no se debe haber enterado del inventazo que son los cascos para oír tú música sin molestar al personal. Aquellos que no entienden que SE DEJA SALIR ANTES DE ENTRAR y no ven que por empujarte NO van a llegar antes a su destino. Y para rematar, el hombre de 60 años que embadurna con su perfume a todo el vagón y que hace que te preguntes por qué has desayunado con tanta intensidad si solo con ese olor, ya tendrías el estómago bien lleno para el resto del día. Y sí, Madrid está siempre enfermo de ruido. Y sobre el ruido quería escribir hoy. No me ha hecho falta escuchar más la conversación de la pareja que tenía al lado para inspirarme con la entrada de hoy...

A mi guerrera

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Si alguien me preguntase hoy por la vida, yo les hablaría de ella. Les hablaría de su constancia y de su perseverancia, siempre con cabeza.  Les contaría que es posible seguir caminando aunque tus tobillos se tuerzan y aunque el alma duela. Y que n o importa cómo de grande sea el océano en el que vivas, ni tampoco lo cansadas que estén nuestras aletas cuando no tienes ganas de seguir nadando. Con ella, conmigo, con nosotras, se hace de cualquier mar un granito de arena.  Veo cada día en sus ojos que aunque se sienta vencida y vacía, las batallas del día a día no le han doblegado ni un solo momento. En estas, siempre hay más vencidos que vencedores. Y para mí, no hay mayor vencedora que aquella que se ha dejado la piel a pesar de quedar rota.  Solo por eso, ella es vida.  Les hablaría de sus manos, que se han dedicado siempre a cuidarme de la manera más delicada posible y que a la vez me han sabido moldear, dándome ahora las alas que necesito para echar a vola...