El monstruo de debajo de mi cama
Cuando tenía seis años, dormía todas las noches con una lucecilla en el lateral de la cama porque me daba pánico la oscuridad. Recuerdo como si lo estuviera viviendo ahora mismo la mañana en la que le confesé a mi padre que era porque estaba segura de que había un monstruo que me estaba esperando para llevarme con él debajo de la cama. Tras jurarlo como si me fuera la vida en ello, soltó una ruidosa carcajada, de esas que me transmitían tanta calma y que hace años que no escucho.
Ante mi cara de desconcierto, me prometió que debajo de mi cama nadie me esperaba porque los monstruos no existían. Me sentó en mi cama y apoyada sobre su hombro, lo escuchaba mientras me explicaba que el monstruo que yo imaginaba estaba construido de miedo y que este miedo, igual que el espacio que había debajo de mi cama, estaba repleto de vacío. Me contó además, que para destruirlo tenía que plantarle cara porque no podía vivir con miedo toda la vida. En ese momento solo tenía seis años, pero aún tengo mucho que crecer.
Dos noches después de aquello y armada de valor, cogí muy fuerte a mi peluche favorito, inmovilizándolo hasta del cuello y me agaché abrazándolo muy fuerte para mirar debajo de la cama. Y como ya se me advirtió, no había nada.
Ahora entiendo lo que mi padre quería decirme aquel día. El miedo está hecho de nada, es solo una emoción y no hay sensación más triste y vacía que la ausencia de este mismo. Por eso, ahora cada vez que me siento fría, triste y vacía por dentro, vuelvo a agacharme para mirar debajo de mi cama y me recuerdo a mí misma que hay sentimientos que no mueren, sino que preferimos guardarlos bajo llave (o debajo de la cama) por miedo a que nos hagan daño.
Hoy, tengo más pánico a la oscuridad que aquella niña de seis años. No porque siga pensando que hay un monstruo que me espera debajo de mi cama, sino porque hay personas que viven con el corazón tan vacío que me producen la misma sensación que sentía entonces, ''cuando el monstruo me esperaba debajo de la cama''.
A veces es difícil, pero somos demasiado testarudas como para perder la esperanza.
En la vida no tenemos nada que temer, solo debemos comprender. Tener valor no significa no sentir miedo algunas veces, significa plantarte y decirle al miedo que en tu corazón no queda ni un mísero hueco para él.
¡Feliz casi fin de año a las/los que me leáis y gracias!
Ante mi cara de desconcierto, me prometió que debajo de mi cama nadie me esperaba porque los monstruos no existían. Me sentó en mi cama y apoyada sobre su hombro, lo escuchaba mientras me explicaba que el monstruo que yo imaginaba estaba construido de miedo y que este miedo, igual que el espacio que había debajo de mi cama, estaba repleto de vacío. Me contó además, que para destruirlo tenía que plantarle cara porque no podía vivir con miedo toda la vida. En ese momento solo tenía seis años, pero aún tengo mucho que crecer.
Dos noches después de aquello y armada de valor, cogí muy fuerte a mi peluche favorito, inmovilizándolo hasta del cuello y me agaché abrazándolo muy fuerte para mirar debajo de la cama. Y como ya se me advirtió, no había nada.
Ahora entiendo lo que mi padre quería decirme aquel día. El miedo está hecho de nada, es solo una emoción y no hay sensación más triste y vacía que la ausencia de este mismo. Por eso, ahora cada vez que me siento fría, triste y vacía por dentro, vuelvo a agacharme para mirar debajo de mi cama y me recuerdo a mí misma que hay sentimientos que no mueren, sino que preferimos guardarlos bajo llave (o debajo de la cama) por miedo a que nos hagan daño.
Hoy, tengo más pánico a la oscuridad que aquella niña de seis años. No porque siga pensando que hay un monstruo que me espera debajo de mi cama, sino porque hay personas que viven con el corazón tan vacío que me producen la misma sensación que sentía entonces, ''cuando el monstruo me esperaba debajo de la cama''.
A veces es difícil, pero somos demasiado testarudas como para perder la esperanza.
En la vida no tenemos nada que temer, solo debemos comprender. Tener valor no significa no sentir miedo algunas veces, significa plantarte y decirle al miedo que en tu corazón no queda ni un mísero hueco para él.
¡Feliz casi fin de año a las/los que me leáis y gracias!

Comentarios
Publicar un comentario