Nada es más urgente que el devolver las gracias.
Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo. William Arthur Ward
Valora cada cosa que la vida, nuestros seres queridos y nosotras/os mismas/os nos damos. Cada vez que alguien hace algo por ti, di GRACIAS en voz alta, aunque esa persona ni esté presente. Un solo pequeño gesto no solo hará que esta persona se sienta valorada y querida, sino que también nos demos cuenta de que muchas veces nos dan mucho más de lo que creemos merecer.

Esta mañana camino de Madrid he visto a una pequeña que esperaba ansiosa de la mano de su madre a que el autobusero frenase frente a la marquesina. Después de subir las escaleras con sus diminutos pies y dos coletas altas muy características, se ha puesto de puntillas para pasar la tarjeta transporte por el lector. Tan sonriente... probablemente sintiéndose la más mayor del lugar, sin saber que muchas/os a veces daríamos lo que fuera por sentirnos un poco menos mayores, pudiendo volver atrás.
La chiquilla le dijo al conductor con una sonrisa: muchas gracias por llevarme donde yo quiera. El conductor rio, pero
no más que su madre, que lo hizo sonrojándose como un tomate seguido de un: venga, hija; pasa ya y siéntate ahí.
Una señora mayor, de las típicas que en alguna ocasión
te encuentras en el transporte público, de esas que van comentando todo lo que pasa, que se te cuelan sin pedir permiso porque es que ya estoy muy mayor hija, que
se quejan del tráfico y que suelen ir agarradas porque ¡Ay, qué velocidades lleva este autobús! le dijo a la niña: Muy bien bonita… mi madre siempre me decía
que es de bien nacida ser agradecida.
Agradecer… acordarnos y saber apreciar aquello que
recibimos.
Tendemos a dar por hecho todo lo bueno que tenemos, lo
bueno que nos pasa y lo bueno que hacen por nosotras/os. Esto nos arrastra hacia
la ingratitud, no solo por no saber valorarlo, sino en centrarnos solo en lo
malo que nos pasa.
Nos sentimos molestas/os, disgustadas/os cuando
alguien no nos ofrece su mejor sonrisa o cuando no conseguimos aquello que
queremos. Pero no nos sentimos felices o agradecidas/os cuando las cosas nos
suceden a la inversa; cuando sucede lo que esperamos que ocurra, simplemente no
le damos importancia.
El materialismo, las quejas, las prisas o los agobios corren como la sangre por nuestras
venas y tal vez por eso nos cuesta ser agradecidas/os con las cosas no
tangibles, con las que no vemos. Con estas, en muchas ocasiones no
podemos deslumbrar a los/as demás pero a veces estos gestos pueden
deslumbrarnos a nosotras/os cuando todo está oscuro y nos falta luz en el
camino.
Nuestro no me
siento conforme y yo quiero más hace que a veces nos centremos en las cosas que nos
faltan, quitando importancia a lo bueno que nos rodea.
Deberíamos estar agradecidas/os por poder contar con
gente que nos quiere y que nos abriría la puerta de su casa si así lo
necesitásemos. Gente que está dispuesta a escuchar y que siente tu problema
como si fuera el suyo propio. Gente que quiere conocerte, que nos inspira y nos estimula para
seguir creciendo. Personas que se alegran de nuestras victorias y que, sobre
todo, nos acompañan en nuestras derrotas sin juzgarnos, ayudándonos siempre a
encontrar la lección que hay detrás de cada caída. Personas que, solamente por
estar cerca, nos hacen sentir más especiales.
Vivan todas/os ellas/os.
Valora cada cosa que la vida, nuestros seres queridos y nosotras/os mismas/os nos damos. Cada vez que alguien hace algo por ti, di GRACIAS en voz alta, aunque esa persona ni esté presente. Un solo pequeño gesto no solo hará que esta persona se sienta valorada y querida, sino que también nos demos cuenta de que muchas veces nos dan mucho más de lo que creemos merecer.
Una sola palabra puede cambiar la forma de ver la vida
y ayudarte a que seas más feliz.
Por eso…demos más las gracias. Escucharlo nos hace sentir bien y por suerte, decirlo todavía es gratis.

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