Sencillez
Hoy es la primera vez que en una de mis entradas hago
referencia a
una película así que para los que estéis empezando a leerme, espero no decepcionaros, porque ni siquiera se me ha ocurrido un buen título.
Como para gustos siempre los colores, no quiero que esto sea una recomendación sino una referencia, así que hablaré de ello; el largometraje de Carla Simón Estiu 1993 ha encendido la bombillita
que llevaba una temporada en pausa y modo avión. Ha sido la ganadora a Mejor Película en los Premios
Goya 2018 y también está seleccionada para representar a España en la gala de los Óscar (y no por eso me ha marcado)
No
es spoiler: La directora nos adentra en la vida de
Frida, una petita de seis años que
tiene que vivir el primer verano de su vida en una familia de acogida tras el
fallecimiento de su madre. Al principio de la película, en la nit de Sant Joan,
un niño se acerca a Frida y le pregunta: ‘’I
tu, ¿com és que no plores?’’ (Y tú, ¿cómo es que no lloras?)
Ahora que trabajo con
niños, sé que el pequeño lo preguntó sin
saber que el luto es vivido por cada
persona de una manera diferente. En la película, el tono de la pregunta puede
resultar algo agresivo pero así son los niños, honestos y sin filtros, por eso
cada día me gustan más.
Frida es plenamente consciente de que su madre y su
padre ya no están, dado que a ambos se los llevó la misma enfermedad, el SIDA.
A través de los ojos de la pequeña, se logra y se comprende lo que conlleva un
cambio tan fuerte como es perder un mundo, o dicho de otra manera, lo que se siente al perder a una madre y a un
padre.
Pido perdón a quien me esté leyendo ahora porque no
buscaba ponerme en modo dramática. Ante mi defensa diré que el mensaje que a mí
me ha transmitido esta película no es que la vida es una pena y que está llena de injusticias (que lo pienso
bastante, a pesar de que mi película favorita se llame La vida es bella)
El mensaje que me ha dejado esta película es que
cuando recuerdo viejos tiempos y viejas sensaciones, me veo soñando. Cuando doy
un pasito para atrás y recuerdo momentos pasados, veo con más claridad y más
intensidad todo lo que tengo delante de mí, como Frida.
Por eso deseo que los niños con los que trabajo a
diario de monitora no dejen de sonreír cada vez que aparezco por la puerta. Porque
aunque ellos ''no tienen ni idea, porque son niños,'' me dan toda la
vida y energía que tengo (a veces ellos mismos también me la quitan).
Deseo vivir al clavo ardiendo de sus madres y padres cuando me dicen
que el día de mañana seré una buena profesora. Y así como Frida tiene que pedirle y rezar al señor por orden de su abuela todas las noches, yo pido que si alguien nos ve
desde ahí arriba, les de a mis bichos toda la felicidad que ellos me dan a mí multiplicada por mil, junto con mucha
fuerza para superar todo lo que les venga cuando dejen de ser lo que son ahora,
una maravilla de niños. Y sobre todo, que el día de mañana yo sea capaz de
transmitirles por igual todo lo que ellos me regalan a mí: enseñanza, lección y amor.
Y subrayo y pongo en negrita estas palabras porque para mucha
gente han quedado en el olvido. Y sí, es una ''indirecta'' más bien directa, de las que me gustan a mí y para que la tome quien quiera.
Me encantaría también que algún día todo lo que
escribo le sirviese de ayuda a alguien, de igual manera que a mí me empuja y me
anima la manera en la que me hace reír la gente que me quiere, los que están en
Madrid y los que lo hacen de igual manera estando un poco más lejos, que son
muchas y muchos.
Ojalá Carla Simón leyese mi nuevo post para que vea
que su largometraje no solo ha tocado miles de corazones, sino que también me
ha hecho volver a escribir, algo que necesitaba porque llevo un tiempo muy bloqueada y sin encontrar palabras. Y cuando por fin las encuentro, escribir es mi mejor terapia cuando necesito
calmar el monstruo lleno de rabia y odio que me ha crecido dentro y que me cuesta calmar. El monstruo vino a verme, como en la película, pero ojalá se marche pronto.
Cuando los más cercanos intentan consolarme diciendo
que lo
mejor está por llegar, a veces me lo repiten tantas veces que termino
hasta creyéndolo. Y con ello, intento seguir el ejemplo de Frida que, con seis
años y a pesar de ser una niña, supo atravesar el fuego sin dejar de pensar con
cabeza, tripa y corazón.
Para todas aquellas y aquellos que piensen que los niños, son
SOLO niños:
Gracias bichos, porque lo más importante que sé de la vida, me lo estáis enseñando vosotros.
| Ella es Frida, la protagonista de la película que os he hablado |
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