Disfruta de tu mejor paisaje

Hace algunos días vi cómo pasaba por mi ventana una estrella fugaz y aproveché para pedirle algunos deseos. Hace algunos años atrás siempre estaba acostumbrada hacerlo, pero lo cierto es que desde que he vuelto a la ciudad me es complicado verlas; demasiado gris por todas partes y muy poca claridad. 

Pero yo siempre prefería ver tus ojos chispeantes para así después intentar adivinar lo que tenías en mente; la mentalidad de un niño que a pesar de tener el alma llena de heridas, solo pensaba en cuál sería su siguiente travesura, sin importar los años. 

Como no te tenía conmigo, le pedí a esa estrella fugaz que siguieses contándome las andanzas de tu madre muchos años más. Una mujer llena de ideales y con el corazón sediento de aventuras, siempre como tú. Le pedí que a pesar de los años y los daños, nunca dejes de tener ese brillo en la mirada cuando cuentes todo lo que te apasiona porque así transmites valor y fuerza a los que te rodean. Le pedí que no te preocupes si estos días no tienes ganas y por eso ahora hablas más despacio porque aún necesito escucharte por mucho más tiempo. Le pedí que dejases de apurarte si ya no puedes caminar tan deprisa como antes porque estás cansado, así tú y yo llegaremos más tarde a nuestro destino y tú mientras podrás seguir contándome esas historias de cuando eras niño, de esas en las que la moraleja final siempre es que la vida tiene poco que ver con sentarse a verlas venir. Que no importan las ganas, hay que ir con todo y a por todo siempre. 

Porque la estrella me concedió todas estas cosas también le di las gracias. 

Por darme templanza y calma cuando estás presente y cuando no. Por hacerme ver que los años y las circunstancias no importan si tenemos ganas de seguir siendo felices. Por eso hoy quería escribir sobre algo que me hiciese muy feliz. 

A ti, por ti y para ti, que siempre has sido mucho más. A ti que eres brazo, pierna, cerebro, razón, sonrisa, hombro y corazón. Todo esto que es solo tuyo, pero que siempre va conmigo. 

A ti, que dices que conmigo renace el espíritu de niño que llevas dentro, gracias por enseñarme a vivir; por los momentos felices y por llevar juntos los que nos dejan cicatrices.

A mi mejor modelo, al niño de mis ojos, al que me hace creer y crecer. Al hombre que sabe relatar las mejores historias ficticias de las que no acaban ni bien ni mal (porque es que no acaban) 


A un verdadero héroe no se le mide por la magnitud de su fuerza, sino por la fuerza de su corazón



Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi guerrera

La mejor habilidad del mundo

Sencillez