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Disfruta de tu mejor paisaje

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Hace algunos días vi cómo pasaba por mi ventana una estrella fugaz y aproveché para pedirle algunos deseos. Hace algunos años atrás siempre estaba acostumbrada hacerlo, pero lo cierto es que desde que he vuelto a la ciudad me es complicado verlas; demasiado gris por todas partes y muy poca claridad.  Pero yo siempre prefería ver tus ojos chispeantes para así después intentar adivinar lo que tenías en mente; la mentalidad de un niño que a pesar de tener el alma llena de heridas, solo pensaba en cuál sería su siguiente travesura, sin importar los años.  Como no te tenía conmigo, le pedí a esa estrella fugaz que siguieses contándome las andanzas de tu madre muchos años más. Una mujer llena de ideales y con el corazón sediento de aventuras, siempre como tú. Le pedí que a pesar de los años y los daños, nunca dejes de tener ese brillo en la mirada cuando cuentes todo lo que te apasiona porque así transmites valor y fuerza a los que te rodean. Le pedí que no te preocupes si es...

El silencio a voces

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Nos ponemos en contexto: metro de Madrid, 09:30 de la mañana de la línea 1 (una de las líneas más viejas y transitadas a estas horas de la mañana) El bebé que no puede parar de llorar montado en el carrito,  la madre que le grita que se calle y parece que es que no entiende que es un niño y que no va a callarse. El que no se debe haber enterado del inventazo que son los cascos para oír tú música sin molestar al personal. Aquellos que no entienden que SE DEJA SALIR ANTES DE ENTRAR y no ven que por empujarte NO van a llegar antes a su destino. Y para rematar, el hombre de 60 años que embadurna con su perfume a todo el vagón y que hace que te preguntes por qué has desayunado con tanta intensidad si solo con ese olor, ya tendrías el estómago bien lleno para el resto del día. Y sí, Madrid está siempre enfermo de ruido. Y sobre el ruido quería escribir hoy. No me ha hecho falta escuchar más la conversación de la pareja que tenía al lado para inspirarme con la entrada de hoy...

A mi guerrera

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Si alguien me preguntase hoy por la vida, yo les hablaría de ella. Les hablaría de su constancia y de su perseverancia, siempre con cabeza.  Les contaría que es posible seguir caminando aunque tus tobillos se tuerzan y aunque el alma duela. Y que n o importa cómo de grande sea el océano en el que vivas, ni tampoco lo cansadas que estén nuestras aletas cuando no tienes ganas de seguir nadando. Con ella, conmigo, con nosotras, se hace de cualquier mar un granito de arena.  Veo cada día en sus ojos que aunque se sienta vencida y vacía, las batallas del día a día no le han doblegado ni un solo momento. En estas, siempre hay más vencidos que vencedores. Y para mí, no hay mayor vencedora que aquella que se ha dejado la piel a pesar de quedar rota.  Solo por eso, ella es vida.  Les hablaría de sus manos, que se han dedicado siempre a cuidarme de la manera más delicada posible y que a la vez me han sabido moldear, dándome ahora las alas que necesito para echar a vola...

Hoy es uno de esos días

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Uno de esos días en los que el cristal del autobús para ir a la universidad ha sido el mejor apoyo. Es entonces cuando entre parón y parón del conductor (ese conductor al que le debieron de dar el carnet de conducir en la tómbola de su pueblo) aparece la nostalgia, la maldita nostalgia. Y ya, nos ponemos serios. Cuántas veces la nostalgia arrasa con todo, hace con nosotros lo que le da la gana y parece que jamás nos dejará vivir tranquilos. Se alimenta de años, de daños y por desgracia, al final la conclusión siempre es la misma cuando se va: Envejecemos en una sola dirección, miramos hacia atrás pero no sin olvidarnos de que, al igual que el tiempo, solo tenemos un camino y este va siempre hacia adelante.  Yo echo ahora la vista atrás y me pregunto qué es lo que ha quedado de nosotros, qué es lo que quedará del niño de la fotografía dentro de 20 años.  No le vi la cara, pero seguro que como era alemán era rubio y pa' comérselo Y es que nosotros poco más ...