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A mi guerrera

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Si alguien me preguntase hoy por la vida, yo les hablaría de ella. Les hablaría de su constancia y de su perseverancia, siempre con cabeza.  Les contaría que es posible seguir caminando aunque tus tobillos se tuerzan y aunque el alma duela. Y que n o importa cómo de grande sea el océano en el que vivas, ni tampoco lo cansadas que estén nuestras aletas cuando no tienes ganas de seguir nadando. Con ella, conmigo, con nosotras, se hace de cualquier mar un granito de arena.  Veo cada día en sus ojos que aunque se sienta vencida y vacía, las batallas del día a día no le han doblegado ni un solo momento. En estas, siempre hay más vencidos que vencedores. Y para mí, no hay mayor vencedora que aquella que se ha dejado la piel a pesar de quedar rota.  Solo por eso, ella es vida.  Les hablaría de sus manos, que se han dedicado siempre a cuidarme de la manera más delicada posible y que a la vez me han sabido moldear, dándome ahora las alas que necesito para echar a vola...

Hoy es uno de esos días

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Uno de esos días en los que el cristal del autobús para ir a la universidad ha sido el mejor apoyo. Es entonces cuando entre parón y parón del conductor (ese conductor al que le debieron de dar el carnet de conducir en la tómbola de su pueblo) aparece la nostalgia, la maldita nostalgia. Y ya, nos ponemos serios. Cuántas veces la nostalgia arrasa con todo, hace con nosotros lo que le da la gana y parece que jamás nos dejará vivir tranquilos. Se alimenta de años, de daños y por desgracia, al final la conclusión siempre es la misma cuando se va: Envejecemos en una sola dirección, miramos hacia atrás pero no sin olvidarnos de que, al igual que el tiempo, solo tenemos un camino y este va siempre hacia adelante.  Yo echo ahora la vista atrás y me pregunto qué es lo que ha quedado de nosotros, qué es lo que quedará del niño de la fotografía dentro de 20 años.  No le vi la cara, pero seguro que como era alemán era rubio y pa' comérselo Y es que nosotros poco más ...