El monstruo de debajo de mi cama
Cuando tenía seis años, dormía todas las noches con una lucecilla en el lateral de la cama porque me daba pánico la oscuridad. Recuerdo como si lo estuviera viviendo ahora mismo la mañana en la que le confesé a mi padre que era porque estaba segura de que había un monstruo que me estaba esperando para llevarme con él debajo de la cama. Tras jurarlo como si me fuera la vida en ello, soltó una ruidosa carcajada, de esas que me transmitían tanta calma y que hace años que no escucho. Ante mi cara de desconcierto, me prometió que debajo de mi cama nadie me esperaba porque los monstruos no existían. Me sentó en mi cama y apoyada sobre su hombro, lo escuchaba mientras me explicaba que el monstruo que yo imaginaba estaba construido de miedo y que este miedo, igual que el espacio que había debajo de mi cama, estaba repleto de vacío. Me contó además, que para destruirlo tenía que plantarle cara porque no podía vivir con miedo toda la vida. En ese momento solo tenía seis años, pero aún tengo mu...